8 may. 2017

Urbanismo y Worldbuilding.

Buenas tardes, noches o madrugadas (Sí, te hablo a ti, que estás a las 6:00 am navegando en internet).



Llevaba un tiempo pensando en subir una pequeña entrada sobre cartografía para crear ciudades, pero pensé que sería guay dar primero algunos ejemplos de urbanismo a lo largo de la historia (aka crear una excusa para subir cosas sobre urbanismo, que mola mucho). Así que quizá tengamos entre manos una pequeña “serie”.

En la de hoy: factores a tener en cuenta.

1.- ¿Ciudad, pueblo, aldea?


Esto es MUY importante.¿Por qué? Muy simple, cuantas más personas más problemas y cosas a tener en cuenta. No es el mismo tipo urbanismo el que va a seguir una ciudad metropolitana, que el de Argamasilla de Calatrava (Solo algunxs lo entenderán); principalmente por los problemas que trae una mayor cantidad de gente: mayor necesidad de ciertos servicios, economía diferente, organización diferente (Por ejemplo, es más fácil que en una zona rural o poco habitada se den sistemas de control mediante relaciones de deberes o confianza, o un control absoluto del poder)… Además de la reducción del espacio.

Si no tenéis claras estas cosas, os voy a dejar por aquí unos generadores que os ayudarán, o eso espero:


  1. Donjon: Tiene varias funciones para crear mundos que pueden ser MUY útiles e inspiradoras.
  2. Fantasy name generators: Tiene generadores de descripciones de lugares que son TOP

2.- ¿Dónde está?


Es probable que ya hayáis decidido qué tipo de ciudad vais a tener, sus habitantes (más o menos)… PERO tenemos un problemita bastante obvio: la situación geográfica, la orografía… y todas esas cosas que cualquier estudiante ODIA estudiar. Si vivís en alguna ciudad en zona montañosa (como es mi caso), os habréis dado cuenta fácilmente que no es la misma disposición de las calles, ni de las casas, ni de las aceras y carreteras… la que hay en las zonas llanas a las llenas de cuestas. Asimismo, no es igual la disposición que va a haber en una ciudad atravesada por un río enorme a una que tiene un riachuelo a un par de kilómetros de distancia: las casas, los edificios encargados de proporcionar agua, las zonas habitadas para, por ejemplo, limpiar la ropa (Todxs hemos escuchado historias de nuestrxs abuelxs y lo lejos que estaba la zona para limpiar la ropa).

De nuevo, os voy a dejar unos enlaces con información, aunque sobre todo ambientada a información sobre la geografía física y worldbuilding en general.


  1. Sección de geografía de un profesor: Creo que puede ser un buen inicio
  2. Luna Antigua: Probablemente uno de los mejores blogs para worldbuilding.
Resultado de imagen de puertollano
Ejemplo de ciudad montañosa.
Si os fijáis, en las zonas de montaña tal cual, no hay grandes edificios.


3.- ¿Qué produce? ¿Cómo?


Muy relacionada con la anterior, es muy importante tener en cuenta la producción principal de la ciudad y su economía (A menos que sea una Utopía super bonita donde la desigualdad no existe), además del sistema productivo que lo dirige. Es decir, si estamos en un sistema industrial, probablemente haya grandes zonas de fábricas con barrios de obreros y a bastante distancia las zonas de los burgueses dueños de los medios de producción; si nos encontramos ante un sistema feudal, probablemente encontremos varios pueblos relativamente cerca de un castillo que los proteja, ciudades divididas en afiliación…

En cuanto a la producción, habrá que tener en cuanta qué produce: una ciudad pesquera va a necesitar estar cerca de una fuente grande de agua y tener vías de comunicación terrestre o marítima con otras para poder vender su producto; una minera va a necesitar una minas cerca… Esto es bastante obvio, pero es bueno recordarlo para tenerlo en mente y trabajar en ello también.

Resultado de imagen de puerto barcelona
¿Hablar del mar es una excusa para poneros Barcelona? PUEDE SER.

4.- ¿Qué significa?


A menos que hayáis instaurado en vuestro mundo un sistema comunista, es bastante probable que haya una religión con más o menos influencia en el poder y la mentalidad (Sí, la fe no es mala de por sí, pero negar su capacidad alienante en tanto en cuanto puede llegar a formar organizaciones y grupos de poder es imposible), por lo que podemos llegar a encontrar ciudades con significado determinado que tenga, por ejemplo, una ENORME (con mayúsculas, por supuesto) plaza con un templo donde el dios o la diosa de la patata llegó e hizo algo, donde un héroe se sentó a descansar o donde un Profeta hizo algo. No sé, lo que sea. Darle simbolismo a nuestra ciudad nos permitirá jugar también con el arte (Cómo aprovecharse de la Historia del Arte) y especialmente la importancia o no que tiene un credo en nuestro imperio, reino, república, gobierno patatero… Lo que sea.

Por otro lado, también es bastante probable que tengamos una forma de gobierno (Anarkas disliked this) y los Gobiernos necesitan legitimar su poder de alguna manera y un claro ejemplo puede ser mediante las ciudades y su organización. Si os preguntáis cómo os voy a poner un ejemplo: Estamos en el Barroco Europeo, momento de formación de las Monarquías Absolutistas y momento en el que las ciudades se transforman en un símbolo del poder: calles uniforme, alargadas y rectangulares que nos llevan a sitios importantes como monumentos, Palacios… ¿Veis a lo que me refiero? Las ciudades mostraban el poder del gobernante y nos llevaban directamente a lo que más le interesaba..

Esto que os comento es muy importante a la hora de situar espacios importantes, pero tampoco tenéis porque imitar el sistema Barroco. ¿Y si nuestra religión quiere representar la humildad y nos lleva a un templo humilde, pero unos metros antes vemos el edificio de poder? Es solo un ejemplo, pero podéis mezclar todo lo que queráis y más.

Os dejo por aquí algunos enlaces sobre urbanismo que considero curiosos:


  1. Urbanismo romano.
  2. Urbanismo en el Barroco.
  3. Urbanismo siglo XIX
Resultado de imagen de urbanismo utopico
Y así, señores, se hace una ciudad de forma bonita.

5.- ¿Está dividida la ciudad?


Si tenéis una ciudad grande, sí o sí habrá esta división (Al menos que hagáis algo super novedoso con vuestro mundo). Analizad por un segundo una ciudad más o menos grande cualquiera (No hace falta que sea una metrópoli): debido al sistema capitalista,  el reparto desigual de la producción y el uso de los diferentes medios de producción, una ciudad cualquiera va estar dividida en aquel barrio con población principalmente obrera (probablemente, colindante con uno de carácter “marginal”, o incluso dicho barrio en sí mismo), un barrio o zona comercial, un barrio más adinerado…

Esto dependerá también del contexto histórico en el que os asentéis, por lo que también será bastante importante que conozcáis un poco cómo era la vida y la ciudad del período en el que os baséis; aunque de nuevo: no es obligatorio hacerlo completamente igual, estamos haciendo fantasía y, si tiene lógica, se acepta.

Resultado de imagen de barrios paris
División de los diferentes distritos de París.
No, no es una división aleatoria.

6.- ¿Qué puntos importantes habrá?


Creo que este es uno de los últimos puntos a tener en cuenta y puede ir desde grandes templos, centros de poder… hasta un pequeño monumento de madera a un personaje importante de la ciudad. ¡Lo que sea y se os ocurra! Yo os recomendaría haceros una lista con todos estos sitios o elementos y qué relación podrían tener cada uno de ellos entre sí. Es decir, es mucho más lógico situar una estatua de un dios al lado de una gran plaza o de un templo, que junto a un vertedero.

Resultado de imagen de el david
Un David en la puerta de un basurero, POR FAVOR.

Y con esto y un bizcocho, estaría todo, más o menos visto. Como siempre digo, soy novato en lo que a historia se refiere y en el Worldbuilding, así que si veis que falta, sobra o algo está mal. ¡Dejadlo por los comentarios!

Un cyberabrazo, 





1 may. 2017

Camp Nanowrimo 2017: Crisis.

Antes de meterme con la entrada quiero daros las gracias por estar ahí aunque las publicaciones salgan cuando me sale del alma (Tendría que empezar a organizarme en condiciones); y bueno, va a haber un cambio en los turnos de publicación: Los lunes o miércoles, publicaré aquí en el blog y los viernes lo haré en el podcast. ¿Motivo? Reducir la cantidad de entradas y así poder traeros cosas mejor. Ahora sí, ¡adelante!
Sí, cómo podéis leer, he pasado por una crisis escritoril de estas super serias que te hacen dudar de hasta si debería dejar eso de ser escritor y empezar a ser una preciosa patata perdida en el campo: sin gente ni dramas. PERO NO.

Sé que la tentativa de la patata es muy grande, es decir, ¿quién no querría ser una patata? Pero antes de tirarnos de los pelos, vamos a intentar calmarnos mientras vemos estos consejillos para las crisis escritoriles.

1.- Permítetelo, es normal.

Esto es un consejo para todas las crisis o malestar en general, sobre todo para personas perfeccionistas y os lo traigo directamente de mi clase de psicología y, por ende, de la orientadora de mi centro (Parece que si nos da un consejo una persona que ha estudiado psicología tiene más fuerza). Salió hablando del tema de las emociones y cómo afectas en la motivación, así que está muy cercano a lo que estamos hablando: El Camp (Y el Nanowrimo o cualquier proyecto en general).

¿Y por qué para aquella persona que es perfeccionista en especial? Muy sencillo: no es algo malo sentirse mal, no está mal sentirse desmotivado o cansado, es humano y es completamente natural: no es un error ni un fallo que estamos cometiendo. ¡Hay derecho a estar mal!

2.- Haz trampas.

De esto ya os hablé en la entrada de la semana pasada (Consejos para el Camp Nanowrimo): buscamos escribir, ya sea el proyecto que tenemos entre manos, artículos, patatas... O incluso corregir y, de nuevo, no está mal trampear un poquito las normas originales del Nano. ¡Escribamos sin cumplir barreras!

O lo que es lo mismo, escribe lo que te salga de la catedral barroca (¿Por qué siempre decimos nariz, polla/coño, arco del triunfo...? ¡A mí me sale del Barroco, qué pináculos!) o corrige o haz lo que te dé la gana con tus proyectos, relatos, poemas o lo que sea. ¡Pero disfruta del mes!

3.- Cambia de proyecto.


Este consejo es el que voy a tomar yo, peor os dejo que os apropiéis de él vilmente.

Sé que suena obvio, pero aún así yo era algo que jamás aceptaba cuando hice el Nano (fue uno de los motivos por los que no lo terminé): el proyecto que empecé no me llenaba, antes sí lo había hecho pero de pronto perdió toda su magia (es gracioso porque su trama gira en torno a la magia. Por favor, no me peguéis), pero no me quise rendir en su momento y lo volví a intentar ahora, pero como os imaginaréis: los resultados están siendo los mismos. No lo quería dejar porque sentía que me estaba rindiendo, que estaba perdiendo y cagándola, pero al final me he dado cuenta que es todo lo contrario: dejo una cosa para centrarme en algo que pueda llenarme de verdad, que para eso escribo.

4.- Disfruta y si no lo consigues: tranquilx.


Lo he mencionado antes, pero lo repito: ¡DISFRUTA DEL MES! Si el proyecto que tenemos entre manos no nos hace disfrutar, la mejor idea es cambiarla; si nos hemos propuesto demasiado: reduce el número y haz trampas.

Pero, lo más importante: si escribes 100 o 100.000 palabras, son palabras que no tenías antes, si no lo consigues no se va a acabar el mundo. Disfrutad este mes y que el número de palabras sea algo secundario.


Después de esto, quiero deciros esto...





¡HE GANADO! Sí, ¡lo he conseguido! Mi reto eran pocas palabras, 10.000, pero estoy SUPER feliz de haberlo logrado. 

Un cyberabrazo, se despide









24 abr. 2017

[Relato] 30 segundos.

¿Por qué he estado tan fuera estos días? Pues es bastante sencillo, lo creáis o no, he estado sin wifi y, aunque tengo datos en el móvil para procrastinar, no tenía wifi para subir entrada. ¿Lo bueno? Tengo varias entradas en sucio.

Ahora vamos a lo importante, como habréis podido leer muches en mi Twitter, ¡he ganado un concurso de relatos! Y, aunque solo fuese a nivel de mi instituto, estoy muy feliz de haber ganado algo con mis textos ¡y ha sido por segundo año consecutivo! Me voy a ir dejando buena marca. Así que, sin mucho más que añadir, os dejo por aquí este intento de relato de terror. ¡Espero que os guste!

Hormigas de metal recorren los serpenteantes esqueletos de asfalto en el mismo momento en el que tú sales finalmente de tu oficina. ¿Qué hacías? No importante, probablemente solo fuese una parte más de tu aburrida rutina: despertar, recorrer un camino hasta el mencionado lugar, trabajar unas ocho horas —si tienes suerte y el jefe no decide que estés una, o dos, más—, recorrer el mismo camino de antes, pero a la inversa, y volver a casa para dormir e iniciar unas horas después esa misma rutina.

Imitas aquello que estás viendo y subes en tu propio vehículo, lo arrancas con algo de dificultad, la edad empieza a notarse no solo en ti, y recorres tu camino hacia casa. Enciendes la radio, pero no hay nada que te llame demasiado la atención: las noticias hablan de lo de siempre: ladrones en puestos importantes o incluso reales, un delito por odio que se suma a la grandiosa lista de los que ya tenéis en apenas unos meses, un robo mínimo que es fuertemente castigado, un joven que ha comentado algo por las redes y será penado… Tonterías que estás ya harto de escuchar, así que cambias la emisora y ahora se escucha una música alegre y pegadiza, no de demasiada calidad, siquiera de tu gusto, pero la dejas puesta.

Llegas a casa tras unos treinta minutos, que podrían haber sido la mitad si no fuese por la cantidad de viandantes que han decidido justo hoy no utilizar su medio de transporte habitual y llenar las calles de sus molestos cláxones y humo contaminante; obviamente, ellos lo están haciendo mal, tendrían que haber seguido con su rutina: como tú. Abres la puerta tras aparcar y dejas el largo chaquetón colgado al lado de la entrada, justo debajo, tu maletín lleno de papeles que ni siquiera recuerdas haber hecho, quizá no sean ni tuyos.

Recorres el pasillo, muy pobremente decorado: un par de cuadros comprados en el bazar de la esquina que parecen odiarse entre sí y a la casa misma a la vez, un reloj de cuco que hace años que no es más que un decorado inútil y un pequeño mueble coronado por un mantel blanco con letras en árabe decorando el borde: si tu abuelo lo viese quizá se desmayaba ahí mismo; y llegas finalmente a tu habitación: una sala cuadrada, completamente blanca y con simplemente una cama en el centro y un armario a su lado para deshacer la pureza de la nada.

Coges tu pijama, casi tan soso como el resto de lo que tines, en la tienda no tenían nada más simple por desgracia. Vas hacia el baño, para lo que solo tienes que recorrer el ancho del pasillo y abres la puerta con un agudo chirrido. “Nota mental: Comprar algo para la puerta. Chirría mucho”, piensas sin darle más importancia. Enciendes la luz e iluminas la taza del baño, la pequeña ducha donde apenas cabrían dos personas muy apretujadas y el lavabo, con su correspondiente armario-espejo encima.

Dejas tu pijama sobre el inodoro y sueltas un profundo bostezo antes de empezar a sacarte la camisa, para lo que agarras por la parte de abajo y tiras hacia arriba sin ningún miramiento por tu cabeza u orejas: para qué usar los botones, ¿no? Dejas caer la camisa y te desabrochas el pantalón, empujando ahora hacia el suelo. Ni siquiera te preocupas por recogerlo, ya lo harás cuando hayas salido y lo hayas empapado todo: así te ahorras comprar la alfombrilla que llevas diciendo tres meses que comprarías.

Antes de entrar te miras en el espejo, solo unos segundos, pero es suficiente para que veas la demacración de tu rostro: las cejas han decidido finalmente caerse y acompañar en la forma a las bolsas bajo tus ojos teñidas de un morado enfermizo, tus pómulos, años atrás sonrosados y alegres, ahora caídos y decorados aquí y allá por las marcas del paso de los años; tus labios han perdido su color intenso que casi hacía parecer que te echabas algo cada mañana, y tus ojos han dejado de brillar para convertirse en unas tormentas azules que solo buscan la hora del descanso. ¿Quién diría que aún no tienes ni cuarenta inviernos?

Entras en el pequeño recipiente cubierto por una lámina de algún plástico traslúcido que impide que nadie vea qué hay dentro, como si alguien fuese a hacerlo en algún momento. Giras el círculo metálico rodeado por el azul y un segundo después haces igual con el de la vuelta roja. El agua cae sobre tu piel, primero fría, pero en no demasiado tiempo se adapta a tu temperatura deseada. Sueltas un último bostezo y, finalmente, colocas la cabeza justo bajo la alcachofa.

Tus párpados se unen en un abrazo que dona oscuridad y las gotas de agua de caen lentamente desde su hogar de nacimiento hasta la tierra fértil donde morirán para servir a una misión mayor para ellas, habitual para ti. Caen y resbalan por todo tu cuerpo, ya sin vida, en caso de haberla tenido en algún mísero momento, y recorren cada una de las marcas que te hacen quien eres: ese pequeño lunar justo debajo de tu omóplato izquierdo por el que se interesaron los médicos cuando naciste, pero que ahora no guarda ninguna importancia; la cicatriz en el estómago que te hiciste por jugar en un árbol demasiado alto para ti, las pequeñas pecas que luchan por crecer en tus hombros como hongos ocupando un árbol, los pelos que crecen por allí y por allá y esas canas que has tratado ocultar desde hace años: ¡eres demasiado joven!, o eso te repites.

Un escalofrío recorre tu espalda. No le haces caso. “Será solo algo de aire que ha entrado”, piensas sin crear el pensamiento y sigues dejando el agua recorrer tu cuerpo.

Abres los ojos lentamente, quieres ver el agua caer en forma de cascadas desde tu cabeza, siempre te ha calmado eso, pero no sabes por qué ni le has dado siquiera importancia: simplemente te gusta, ¿qué más importa?

Han pasado treinta segundos desde que los cerraste.

Giras en el sentido contrario los grifos y el agua deja de correr en un camino suicida en busca de tu limpieza, grandes soldados que arriesgaron su vida por el gran humano, pero que no serán jamás recordados más allá de como crítica social cuando la sequía conquiste todo o cuando el pantano de al lado esté bajo. Depende de lo que llegue antes.

La sensación que recorre tus huesos es cada vez más intensa, pero prefieres apartarlo, como si no existiese. Pero existe, pero está ahí. El agua purificadora puede eliminar de ti los restos físicos del cansancio del día, la suciedad del aire o inclusa limpiar algunos pensamientos, pero no podrá jamás eliminar aquello que sientes, aquello que tus sentidos te gritan.

Ignóralo. Así haces con todo, ¿no?

Vuelves a abrir el grifo y sientes de nuevo las pequeñas gotas caer en su constante camino y cómo aquella maldita sensación desaparece según las gotas caen hasta el tragadero, en un camino directo a su paraíso, no sin antes recorrer el camino de penitencia máximo. Y cierras los ojos.

Tu respiración está calmada: tu pecho apenas sube y baja, un pequeño deje de movimiento lo impulsa en aquel rítmico paso lento entre el exterior y el interior de tu ser. Tu pulso está calmado: tu corazón bombea a un ritmo normal, unas sesenta pulsaciones por minuto, no asciende, no baja. Lo normal.

Pero esa sensación vuelve, esos ojos que no son ojos, esa mirada que no mira, eso… Sea lo que sea, algo te observa. Lo notas. Notas como su visión pasa de tus pies a tu espalda, a tu nuca y finalmente a tu cabeza. Tienes los ojos cerrados, eso no. Eso te observa, lo notas, lo sientes. Su respiración, ese viento suave que antes rechazabas, está ahí, en tu piel, la roza, la toca.

Cinco, seis, siete, ocho, nueve…

No puedes evitarlo y rápidamente tu pulsación se acelera, tu pecho se alza cada vez de manera más rápido y la boca se te reseca, y la saliva parece desaparecer de toda tu boca, siendo sustituida por aire que entra rápido. Entra y se va.

Veinticinco, veintiséis, veintisiete, veintiocho…

Abres los ojos de nuevo. Tranquilo no hay nada, no es nada. Quizá solo tienes miedo a los treinta segundos de oscuridad.


O quizá si hay algo que te observa y quizá tu miedo es lo que te salva. Recuerda, ten miedo, te hace 
sobrevivir ante lo que no ves. ¿Cómo lo sé? Bueno, yo te observo, sé lo que pasa a tu alrededor.





3 abr. 2017

Consejos para el Camp.

¡Buenas!
Resultado de imagen de Camp nanowrimo 2017 twitter header participant
Estoy completamente enamorado del header, ¿VALE?
En efecto, como podéis ver, este año me he apuntado a esta cosita de abril a la que llaman cordialmente Camp Nanowrimo, pero que a mí me gusta llamar así: Nano, pero tú eliges si quieres morir o no en el intento; y me he dicho que quizá sería buena idea dar unos consejos atrasados (Sí, sé que ya ha empezado, pero tss).

1.- Lo más importante es escribir.

No sé vosotres, pero esto mismo me lo dije cuando intenté hacer el Nano, y, aunque apenas escribí 15.000-20.000 palabras, acabé bastante contento porque había sido capaz de escribir un poco de esa idea de novela (aunque esta palabra me suene demasiado grande) que tenía en la cabeza desde hacía como un año.

No os preocupéis si no conseguís vuestro reto, es normal: nunca se sabe qué puede aparecernos y no teníamos planeados. Si escribís cien palabras, ya son cien más que quizá de otro modo no habríais escrito.
Resultado de imagen de write hamilton
A escribir como Hamilton: ¡Quememos las teclas del ordenador!
2.- Márcate un reto lógico.

Muchas personas, en las que me encuentro, tendemos a marcarnos metas poco creíbles o, como mínimo, muy difíciles de alcanzar y no es algo malo, es normal ser muy autoexigente; pero os recomendaría pensar en cuánto vais a poder escribir, cuánto soléis escribir por media hora (por ejemplo)...

Me pongo como ejemplo, mis dos últimas semanas de abril son solo exámenes porque termino el curso, se acerca el First... y el tiempo será reducido y, aunque tenemos las vacaciones de primavera, voy a estar liado esos días también y no sé cuánto tiempo tendré para escribir, por lo que he establecido un propósito bajito: 10.000 palabras, apenas 300 por día.

Resultado de imagen de reto
Mi cerebro cuando digo que no quiero pasarme y meterme demasiada caña.

3.- Arrejúntate.

Con esta palabra tan preciosa de los pueblos manchegos (y de otros sitios) quiero deciros que, aprovechando el sistema de cabinas, os unáis a alguna, con amigues o no, y así os podáis apoyar unes a les otres, ¡un empujocito siempre es bueno!

Por ejemplo, Lulu del blog Lulu Von Flama creó una con esta intención, ¡y ya está llena! Con escritores ansiosos de conseguir su reto o, como mínimo, escribir y apoyarse entre sí.

Resultado de imagen de camping
Es algo así, pero sin fuego ni malvaviscos.
Ojalá hacer algo así.

4.- Disfruta y date premios.

Hay veces que se nos olvida que la escritura, aunque lo hagamos como un trabajo (De lo que Dragón Mecánico ya nos habló aquí), es disfrute también (y cualquier trabajo en general) y que tenemos que intentar eso mismo: disfrutar, que no sea un castigo o un suplicio, como aquel pequeño Ru que le mandaban copiar partes de libros si se portaba mal o discutía con su hermano.

Daos premios: cada mil palabras, un euro para libros; si lo consigues, comprar Scrivener, o un libro... ¡lo que sea que nos amine a escribir!

Resultado de imagen de scrivener logo
Si tenéis muchas ganas a ese descuento de Scrivener, siempre podéis hacer trampUPS.
5.- Haz trampas.

Antes de que me saquéis del Camp, me peguéis o me quitéis el carnet de escritor, quiero que volváis a leer el primer punto. Sí, es muy importante avanzar en nuestro proyecto, pero también es coger la costumbre de escribir, ¿qué pasa si un día no se te ocurre nada sobre dicho proyecto? ¿No escribes? ¡Pues claro que no! Te pones a corregir, con un relato, con otro proyecto... ¡lo que sea! Pero escribe, eso es lo que estamos buscando con esto: escribir.

Resultado de imagen de tramposo
Esto irá para muches de nosotres al terminar el Camp.

¡Bueno, bueno! Sin mucho más que decir, os dejo por aquí con un último mensaje... ¡recordad disfrutar! Buena escritura y buen camp, ¡un cyberabrazo!





27 mar. 2017

6 libros para un día.


Nota del autor: Puede que no sean libros para leer estrictamente en un día, pero queda mejor como título. 
También hay más de seis libros. Este es mi blog y trampeo lo que quiero.


Exámenes, esa hermosa palabra que tiende a llevarse todo nuestro tiempo, sobre todo a finales de período (trimestre, cuatrimestre...) o, si eres de 2º de Bachillerato, en cada maldito momento. Pero hoy no venimos a hablar de estudios, sino de falta de tiempo. ¿Cuántas veces no habéis sentido que no tenéis tiempo casi ni para respirar? Probablemente más de una y de dos veces.

Sin embargo, quieres leer y no te apetece meterte un tochaco, sino algo más bien ligerito y que puedas incluso leértelo en una sentada. ¡Aquí te traigo unos ejemplos que pueden servirte!


1.- Obras de teatro.

Creo que es una de las mejores lecturas para un día en el que el tiempo apremia. Es cierto que al principio puede que os cueste un poco, el teatro no deja de estar hecho para ser representado, no para leerse, en el sentido "estricto".

Algunas obras que os recomendarían son: Bodas de Sangre y La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca; o Alcestis, de Eurípides, o Edipo rey de Sófocles si os apetece algo de drama donde muera hasta el autor; y Anfitrión de Plauto o Sueño de una noche de verano de Shakespeare si os apetece algo más de humor.

Obviamente, hay muchísimas más opciones, pero aquí os dejo algunas de las obras que más me han gustado, aunque también podría meter Miles gloriosus o Romeo y Julieta, de estos últimos. Sobre todo si te estás iniciando.

Cartel de la pequeña representación que hicimos los de mi clase
el año pasado. No hagáis caso a los datos, solo quería mostrar el
primer cartel que hice en mi vida (?).


2.- Novelas gráficas.

Género en el que realmente no me termino de meter del todo, pero del que sí saco que puede ser una lectura a realizar en medianamente poco tiempo, siendo su contenido más o menos profundo. Aunque, como digo, he leído bastante poquito.

Os dejo un enlace con veinticinco novelas gráficas a las que podéis echarle un ojillo.

Algunas que he leído y me han gustado son:

  1. Coroline, adaptación a este modelo de la novela del mismo nombre de Neil Gaiman, muy recomendable si os gusta el autor o si queréis una lectura de terror.
  2. Persépolis de Marjane Satrapi, está dividida en 4 libros, pero podemos encontrarlas en un tomo único, donde nos narra diferentes momentos a lo largo de su vida con una clara crítica. Esto, sumado a la misoginia del sector ha hecho que los elitistas machistas lo odien, ¡hay que apoyarla! Además, tiene una película bastante buena con el mismo nombre.
Resultado de imagen de novela gráfica coraline
Os aseguro que el mal rollo de la novela, sigue presente.
3.- Libros infantiles.

Puede que haya tocado una yaga abierta. Sí, leo literatura infantil. Sí, la disfruto igual o incluso más que cuando era un crío.

Los libros infantiles, o de "preadolescentes", por llamarlos de un modo, tienden a ser bastante ligeros, cortos y, aunque en su momento pudiesen llevarnos varias tardes, hoy en día podemos leerlos en una hora-dos, como mucho.

Aquí os recomiendo Los Mimpins, El principito, Las brujas, aunque de este último no he hecho relectura desde que lo leí en su momento, así que no os puedo asegurar nada, aunque recientemente vi su película y me enamoró tanto como la primera vez.

Resultado de imagen de La llamada del agua libro
De pequeño adoraba este libro, pero no lo he mencionado porque
no he hecho relectura ahora de mayor.

4.- San Manuel Bueno mártir, Miguel de Unamuno.

Resultado de imagen de San manuel bueno martirYa empezamos con recomendaciones "individuales", en esta ocasión uno de los clásicos más destacados de inicios del siglo pasado. Novela cortita, apenas unas sesenta páginas, pero llena de reflexiones de carácter filosófico y religioso, pero que eso no os eche para atrás, la forma de escribir de Unamuno hace que probablemente nos os vaya a costar nada pillar las cosas y en un ratillo ya os lo habréis ventilado.






5.- Poemas y fragmentos, Safo.

Ya hemos metido teatro y novela y, por supuesto, no puede faltar la poesía. Poemas, o fragmentos, cortos y bastante sencillos, llenos de emociones y muestra de amor a hombres y, principalmente, mujeres. Sí, personitas, Safo era como mínimo bisexual, que en las clases no os cuenten lo contrario.

Resultado de imagen de safo
Recuerdo que este fue el primer retrato femenino del arte clásico que vi.
Me gustó tanto que busqué quien era.

6.- Una habitación propia, Virginia Woolf.

Libro muy importante en cuanto a la formación feminista,  ¿por qué? Bueno, primero, nos permite llevar a cabo un acercamiento a esta ideología de manera fácil y no pesada (Es decir, no es lo mismo meterse entre pecho y espalda El género en disputa a leerse este pequeño ensayo), además de hacernos ver que las cosas no han cambiado tantísimo como creemos y que el feminismo sigue siendo necesario.

En esta temática, os dejo dos enlaces con recomendaciones de libros feministas: 8 libros recomendados por 8 feministas para este verano y este vídeo de María Antonieta.

Resultado de imagen de citas virginia woolf anonimo

Y con esto nos despedimos por hoy. ¿Soléis leer mucho cuando falta el tiempo? ¿Habéis leído alguno de estos libros o recomiendas otros? ¡Un cyberabrazo!




24 mar. 2017

[Relato] Ángel mortuorio.


¡Buenas tardes!

1034

Con este gif tan cutre, os traigo la entrada que os prometí: ¡Un relato! Hace muchos eones, aún las musas pululaban por la calle, mi amiga Firenze me pidió un relato por Twitter y hasta hoy no le di el último punto y final, ¡pero ya está aquí!

Espero que lo disfrutéis y nos vemos el lunes que viene, con nuevas noticias para todes.



El sonido repetitivo de la ambulancia taladra mi cabeza como la  bala rasga el pecho de un mortal. Mortales, pequeños seres sin ningún futuro más allá de morir, de convertirse en polvo para volver a hacer lo mismo una y otra vez. Mi trabajo es simplemente guiarlos hasta este dulce final, pero esta vez parece ser completamente diferente.

Miro el cuerpo casi inerte de mi mortal y una sensación extraña se deposita en mi pecho cuando veo el suyo luchar por seguir bajando y subiendo constantemente, me pregunto cómo se sentirá eso a lo que llaman “respirar”. Desde luego, suena demasiado agotador, gastar energía de tu cerebro para poder seguir viviendo una insignificante existencia.

Al menos, el afán por respirar de los humanos nos ahorra muchísimo trabajo, pero su aún más estúpido afán por destruirse unos a los otros, hace que tengamos muchísimo más, un claro balance negativo. Se asesinan porque se creen poseedores de otras vidas… Ay, si supiesen que ni su propia vida les pertenece, pobres almas en desgracia.

Una de las enfermeras no para de gritarle cosas al conductor, tiene mucha prisa por llegar. ¿Sería adecuado que le comentase que no va a morir hoy? Bah, no serviría de nada. Pequeños y estúpidos mortales, se creen tan capaces, tan inteligentes y poseedores de su vida, pero no son más que insignificantes piezas menores a un peón. Me aburren.

Intento esconder un bostezo tras mi mano y noto las secas gotas de sangre que adornan mi piel, casi me había olvidado de ellas, ¿cómo me ha podido manchar tanto en tan poco tiempo? Solo espero que la sangre se limpie fácil, Dios nos permite tener algo similar a una vida mortal, pero no tener todo el dinero que necesitemos; aunque bueno, para ese mamonazo solo debemos estar en la Tierra cuando vayamos a recoger almas. Pobre idiota, no sabe cuánto puedes llegar a divertirte por aquí abajo.

De pronto, mi humano tose y la enfermera sonríe orgullosa de sí misma, según dice están intentando reanimarle, aunque aún nos quedan unos minutos hasta llegar al hospital y está perdiendo demasiada sangre. Le han aumentado también la dosis de tranquilizantes, al parecer si se despierta todo le dolerá muchísimo. “Dolor”, desde luego suena bastante interesante ese sentimiento y, según he leído, puede ser originado de demasiadas formas, los humanos son unos apasionados a este “dolor”, les gusta recibirlo y, sobre todo, causarlo.

He leído que pueden llegar a meterse en relaciones en las que saben que sufrirán, simplemente intentando no dañar a la otra persona. Se creen tan importantes, se creen tan poderosos que su mera falta provocará un agujero eterno en los sentimientos de sus compañeros. Se creen conocedores de lo absoluto, pero no son más que pequeñas copias imperfectas de un mundo fallido y propenso a su autodestrucción, gobernado por un monstruo que solo se interesa por su bien y su entretenimiento.

Estúpidos humanos, son tan simples.

El pitido irritante de la máquina se detiene y la enfermera palidece al instante: mi humano se está muriendo. Bostezo pesadamente y ella me mira extrañada por un segundo, pero rápidamente se centra en su paciente. Pobre ilusa, no sabe que hoy no va a morir. Cierro los ojos y me concentro en su árbol de la vida, lo vislumbro y busco entre sus ramas hasta llegar a este mismo instante, avanzo algo más para saber qué pasará ahora, pero está en blanco. Está en blanco.

Aprieto los puños ligeramente y rastreo entre todas las ramas, todas las hojas, todas las raíces y frutos en los que está escrito el futuro de mi saco de carne, pero no hay nada. Ahora soy yo el que palidece por unos segundos, ¿por qué no hay nada más? ¿Su futuro se está borrando? No, no puede ser, el futuro de las personas no puede estar en blanco, debe haber algo escrito, debe haber algo en su árbol. Pero no, no hay nada. Nada.

Le observo y noto que una pequeña gota de sudor resbala por mi frente, me tiemblan ligeramente las manos y tomo las suyas, deseando que su alma se mantenga donde debe estar, que espere hasta volver a su verdadero hogar. Noto los labios secos y cómo el corazón se me ha acelerado rápidamente. “Por favor, quédate”.

Espera… ¿Es esto a lo que llaman preocupación? ¿Estoy acaso sintiendo uno de los imperfectos sentimientos mortales? No, no puede ser. Nosotros recolectamos almas de humanos e ignoramos qué son los sentimientos. No puedo sentir nada por este que no sea lo mismo que sienten ellos cuando compran algún producto, para nosotros son solo eso: productos que recolectamos, son objetos.

Pero no puedo evitar sentir cómo los órganos propios de esta forma se alteran y sudo, y necesito más oxígeno, y mi ritmo cardíaco se acelera, y mis ojos empiezan a empaparse. ¿Es esto acaso lo que llaman sentir? ¿Es solo una alteración de algunos órganos? Si es así, ¿acaso me he roto por culpa de un juguete con el que disfruto follando? ¿Acaso en esta forma puedo llegar a sentir?

Miro a los cielos, en busca quizá de mis hermanos y hermanas, en busca de los ascendidos, en busca de aquel al que llama Dios, pero solo puedo alcanzar y apreciar el calmado techo blanco del vehículo que nos lleva hacia la salvación de Marcus. Marcus… ese era, es, su nombre. Pensé que jamás lo recordaría. Curioso.

No, no debo centrarme en el estúpido nombre del estúpido mortal, no, debo centrarme en la puta mierda que es que al parecer, ¡no veo nada! Me cago en Dios, ¿qué cojones está pasando? Y encima no paro de sudar, al final voy a oler peor que este mortal después de follar.

Alzo la vista, quizá algo desesperado, aunque jamás lo admitiré y por fin veo en la distancia más cercana el hospital, varios médicos empiezan a salir a la puerta y la enfermera que nos ha acompañado todo el camino me intenta tranquilizar, aunque sinceramente, no escucho nada de lo que dice. Me da igual. Mi mortal no va a morir… Marcus va a vivir.

Una vez nos bajamos, todo se convierto en carreras, tensiones y un mareo incesante que recorre cada uno de los poros de mi piel, cada uno de los minúsculos orgánulos que me permiten sentir porque estoy sintiendo.

Pasan un par de horas en esa constante angustia, en ese malestar extendido del que tanto había leído, pero que ahora parece, es, tan real; y una doctora sale y se acerca a mí. Yo intento levantarme, pero, por primera vez, las piernas no obedecen y mi cabeza da tantas vueltas que no veo nada en su rectitud. Ella parece entender lo que me sucede y se sienta a mi lado.

Con palabras delicadas me informa que está mucho mejor, pero que le quedarán unas marcas y que tiene algún que otro hueso roto, pero que saldrá adelante. Me pregunta qué ha pasado y se lo intento explicar, aunque realmente solo recuerdos unos gritos, unos chavales acercándose a nosotros y golpeándonos a Marcus y a mí, obviamente omito la parte en la que los echo por los aires con apenas chasquear los dedos. Jamás lo creería tampoco.

—Quizá esto es un castigo de Dios —susurro finalmente, quizá queriendo hacer exterior un pensamiento interno. Ella me mira raro, quizá me toma por un religioso.


Lo que no sabe es que yo odio a Dios.




22 mar. 2017

Necesitamos desconectar, somos humanos.

¡Buenas! ¡He vuelto!

Resultado de imagen de saludo gif tumblr
Soy muy dado a estas entradas, lo sé, pero espero que me lo disculpéis.
Sé que hace como dos milenios y medio que no aparezco por aquí, pero hay algo que debía confesaros: necesitaba un proceso de desintoxicación, un momento de eliminar lo que no iba conmigo, lo que sí y, sobre todo, analizarme. Sé que parece a excusa absurda, no me juzguéis, pero es algo que de verdad necesitaba: desconectar de todo y darme cuenta qué era lo que quería, qué necesitaba.

Obviamente, hay mucho camino por hacer, pero ya he encontrado parte de mi respuesta y, sobre todo, motivación y ganas de seguir con todo (tras una crisis escritora, estudiantil, personal...), así que eso, ¡tomáos un tiempo para vosotres si es lo que necesitáis!

Pero basta de hablar y vamos a lo que realmente interesa por aquí, ¿no? ¿Qué va a ser del blog?

Pues, tras muchísimo pensar, he decidido dividir el blog en dos, ¿por qué? Bueno, un nuevo proyecto que traigo entre manos, ya os contaré algo más el lunes que viene, tranquilos. Teniendo esto en mente, el calendario de publicación se quedaría tal que así:

Nota del autor: Me guardo los derechos a ser un perro/estar liado/estar triste/lo que sea para saltarme alguna de estas cosas, aunque intentaré por todos los medios que no sea así, pero no puedo prometer nada.

Y bueno, poco más, la verdad, ¡este viernes nos vemos con un nuevo relato!

Un cyberabrazo y recordad: sois perfectes.







28 ene. 2017

Cómo escribir en exámenes.




Oh, queridos, queridos exámenes. Casi todos los hemos tenido alguna vez en nuestra vida, casi todos conocemos ese nerviosismo cuando se acercan, esas tardes llenas de apuntes, adhesivos, bolígrafos, subrayadores... Todo un arsenal de materiales, pero sobre todo, de tiempo. Muchísimo tiempo.

Este tiempo es algo que podemos utilizar para ESCRIBIR. ¿Y qué podemos hacer para escribir durante estas tediosas fechas? ¡Os dejo unos consejos!

1.- Organízate.

Voy a partir de la base que, como escritores y estudiantes, sois, somos, seres desorganizados por excelencia. No lo neguéis, es estúpido, y cuanto antes lo aceptemos: mejor. Necesitamos organizarnos, necesitamos tener nuestra vida sumida en algo más que no sea el más puro y enorme caos universal. Sé que es difícil, pero puede ser lo más útil del mundo.

Para ello os recomiendo Sinjania (en especial esta entrada) y el blog Estudio Avellana.

2.- Saca media hora.

Lo ideal sería sacar todo el tiempo posible, pero si seguís lo que he dicho anteriormente, probablemente podáis sacar como mínimo media hora para poder escribir, y hablo como mínimo, mínimo, mínimo. Aprovechad todo lo que podáis esa media hora para escribir, planificar, informaros, crear personajes, lluvias de ideas... ¡Lo que sea!

Clara Tiscar nos entrega unos maravillosísimos consejos para ello mismo.

3.- Aprovecha los descansos.

TODOS nos tomamos, o deberíamos, descansos entre estudio y estudio: cada X páginas, cada X minutos, cada X temas... Como sea que os organicéis para ello, nadie mejor que vosotros sabe qué método os viene mejor, pero tomad descansos.

Estos descansos pueden ser aprovechados para dejar escapar la imaginación y escribir una palabrillas, no tienen porque ser 24601, con apenas 100 o 200 ya estaríamos haciendo algo más que decente.

Os pongo mi ejemplo: utilizo técnica pomodoro para estudiar: 30' estudiando, 5'; pues muchos de esos descansos, sobre todo los primeros, cuando más energía tengo, los utilizo para escribir mediante la técnica de la Escritura automática, de la cual os hablé hace eones (en esta entrada), o incluso para hacer microrrelatos... Cosas cortas, pero ya es escribir.

Resultado de imagen de metodo pomodoro
Tomatito bonito (yo uso otros medios, obviamente) que te
permite concentrarte cuando tu cerebrito no quiere.
4.- Madruga, pero descansa.

Dicen que a quien madruga, Dios le ayuda. No sé hasta qué punto de verdad la divinidad se preocupa porque madruguemos o no, pero desde luego quien madruga va a tender a aprovechar más el día, debido a que prácticamente todo nuestro comportamiento (hablo de la cultura en la que me muevo, no sé cómo funcionará en otros sitios, aunque supongo que más o menos igual) se centra en el día.

Pero, POR FAVOR, descansad: dormid un mínimo de siete horas, a poder ser ocho, e intentad en todo lo posible aprovechar esas horas para dormir y descansar, os aseguro que vuestros días y ánimo mejorarán.

Os dejo por aquí un par de enlaces con consejitos: EntrepreneurUn vídeo (está en inglés pero se entiende bien).

5.- Cuidaos y quereos.

Esta es la más importante de todas, ¿por qué? Porque no hacerlo hará que vuestro estrés esté por las nubes, os sintáis en la mayor mierda del universo entero. Y, lo creáis o no, eso puede ser muy malo para vuestra escritura y, sobre todo para vosotros mismos. Así que, por favor por favor por favor, tomaos momentos para vosotros mismos, para descansar y desfrutar porque también es MUY NECESARIO.

Resultado de imagen de quierete
Ya sabéis: ¡Hay que beber té!

23 ene. 2017

[Reto ELDE] 2: Reencuentro entre alcohol.

Esta semana continuamos con los relatos del maravilloso reto ELDE (Aquí os dejo el primero) y, además, esta semana vamos a tener dos (Sí, esta semana va a haber entrada ¡Fiesta!), para así llegar a poderme al día.

Sin más preámbulos, ¡allá vamos!


Encontrarme con él en aquel lugar fue quizá la sorpresa más maravillosa de toda la noche, pero él no bailaba al ritmo de aquella música que siquiera me gustaba o entendía, no, él servía copas a un ritmo demasiado acelerado para una sola persona a un grupo demasiado grande como para estar amontonados frente a una larga barra de bar, o mejor dicho: discoteca, necesitadas quizá de aquellos licores para desinhibirse de su superego y control, bailar desenfrenadamente o, simplemente porque lo disfrutaban.

Sus carnosos labios se arqueaban en forma de una sonrisa ante la llegada de cualquiera de los bebedores, sin embargo, bajo sus azules ojos podía apreciarse el arco morado del cansancio, quizá por las larguísimas horas de trabajo, quizá porque era incapaz de llevar un sueño adecuado por las mañanas; y su pelo rubio, peinado con suma delicadeza empezaba a mostrar en su base unos perlados ejemplares de calor y cansancio.

Verlo fue maravilloso y despertó en mi mente unos recuerdos que había guardado en lo más interno de mi ser:

Nos habíamos conocido cuando yo cursaba el último curso de mi educación obligatoria, momento en el que él repitió por segunda vez, pero no fue hasta el último curso del instituto que empezamos a congeniar más. En aquella época él había ido pasando de curso gracias a los designios de la suerte y alguna que otra chuleta, mientras que yo solo conseguía matrículas de honor; el disfrutaba de su vida, mientras que yo me había quedado encerrado en un mundo de notas y exámenes, quedando totalmente solo, ni un solo amigo había aguantado mi falta de vida más allá de aquellos libros.

Nos ayudamos mutuamente.

Con él tuve mi primera borrachera, de la que no recuerdo prácticamente nada más allá de los infernales dolor de cabeza y náuseas con las que me levante a la mañana siguiente, fui por primera vez a una discoteca, fumé (algo que dejé al poco tiempo, el sabor amargo del tabaco no era precisamente de mi gusto) e hice un sinfín de actividades “malas” que jamás habría hecho sin su ayuda. Sin embargo, empecé a vivir y disfrutar, aunque mis notas se vieron ligeramente afectadas, algo que mis padres castigaron continuamente, hasta darse cuenta que un “notable” no era malo.

Por otro lado, yo le acompañaba constantemente en unas tarde de estudio que al principio fueron poco fructuosas, pero que al final le permitieron incluso disfrutar de los estudios y poder sostener el trabajo de fin de semana en el pub que dirigía un amigo suyo. Gracias a mi ayuda, creo, y a su esfuerzo consiguió sacar el último curso con notas más que decentes.

Pasamos muchas horas juntos y, cuando me di cuenta, me había enamorado.

Al principio me lo negué, varias veces, pues aunque al final me había aceptado, me negaba en rotundo a creer que el resto de personas lo hiciesen y siempre me escondía, temeroso de sus respuestas. Él fue el primero en saberlo e incluso me ayudó a encontrar mi primera pareja, sin saber que él era el único con el que quería tener algo más que amistad.

El último verano juntos pasó y yo me fui a una ciudad muy lejana a estudiar, mientras él se quedó allí. Durante el primer año solía subir casi cada mes a nuestra localidad, visitarle y recordar algún momento antiguo haciendo algo nuevo; pero a cada año que pasaba, yo subía menos y menos, hasta el punto de que el año que lo volví a ver, el último de la carrera, solo bajé dos veces: una en Navidad y otra dos semanas antes de empezar los últimos exámenes, la vez que nos vimos.

Me acerqué a la barra, tras escuchar la risa de mis amigos, ¿acaso lo había planeado?, esperé a que me atendiese y cuando lo hizo no se dio cuenta de quién era hasta que, minutos después, me trajo mi bebida, una mezcla de otras que él me había enseñado. Iba a salir, pero al ver que no hacían más que llegar personas, me pidió que entrase un segundo, lo hice y me cubrió en un abrazo.

Pegué la cabeza a la parte alta de su pecho cuando lo hizo, me sacaba bastante altura (algo no demasiado difícil) y el guantazo de la añoranza me golpeó: no había cambiado su colonia y olía igual que cuando éramos más jóvenes; sinceramente, poco había cambiado desde entonces: su barba seguía perfectamente recortada, su espalda seguía siendo ancha en comparación al resto del cuerpo y unas curvas bastante marcadas se veían tras su ajustada camisa blanca que, de un modo increíble, estaba impoluta, libre de la mancha de cualquier bebida o alimento.

Me pidió que me quedase hasta el cierre, quería hablar conmigo a solas, como tantas veces habíamos hecho antes.

La noche pasó con una lentitud apabullante, la gente empezó a salir lentamente y, llegada la hora del cierre, se sacó con “delicadeza” a todos aquellos que seguían bailando, pese a haber desaparecido toda música, y pidiendo más bebidas, pese a que la barra había cerrado. Finalmente estábamos solos.

Hablamos un rato y nos contamos todo lo que nos había sucedido en este tiempo, ya nos habíamos visto antes, pero apenas unos minutos o horas cortas que no daban para conversaciones eternas. Entonces las horas pasaron con mucha más prisa y cuando los dimos cuenta el sol ya estaban en una posición relativamente alta, decidimos descansar ya en nuestras casas.

Me contó que había dejado los estudios, que no eran para él, y que había ido saltando de un trabajo precario a otro hasta conseguir uno medio decente y otro, en el que le había encontrado, también precario y con un sueldo no demasiado alto; pero al parecer le daba para poder independizarse y separarse de su familia cercana, algo que claramente le estaba ayudando en su día a día: su casa siempre había estado sumida en peleas y diversos problemas de convivencia que sobrepasan lo sano para cualquiera.

Le admiraba.

En casa, dormí hasta la hora de salida de mi tren y escapé del pueblo costero a la gran capital para terminar todos mis estudios. Los últimos exámenes y el trabajo final fueron extremadamente pesados y jamás deseé tanto dejar de estudiar, incluso me planteé dejar los estudios un par de veces, abrazo por el frío y desolador tacto del estrés. Pero todo ello acabó, terminé mis exámenes con unas notas bastante decentes (incluso con alguna que otra matrícula suelta en mi expediente).

La fecha finalmente había llegado: todos íbamos perfectamente vestidos y llevábamos el orgullo y la satisfacción (y la alegría por haber finalizado por fin) como complemento. Familiares y amigos se disponían delante nuestro al tiempo que recogíamos papeles que acreditaban que oficialmente lo habíamos completado. Éramos graduados.

Busqué a mi familia con la mirada, los había perdido hace rato, y entonces lo encontré a él: su cabello rubio brillaba con la fuerza del sol, su sonrisa proyectaba el orgullo que me corazón sentía y sus ojos azules me miraban con el cálido tacto de un manantial. No me di cuenta de cómo ni cuándo, pero salí corriendo a sus brazos, abiertos entonces para recogerme.

—Estoy muy orgulloso de ti —Aquello fue lo único que nos dio tiempo a intercambiar antes de que llegase mi familia para acompañarnos.

 Me sonrojé, me sonrojé tantísimo que creo que podría haberme convertido en un tomate en aquel mismísimo instante. Se había hecho todo aquel camino, todas las horas de viaje, solo para verme, para verme recibir mi premio, para verme sonreír orgulloso de mí mismo y para estar él mismo orgulloso de mí.

Antes de separarnos de nuevo, después de haber celebrado, me pidió que le visitase al lugar de nuestro reencuentro, me daría tarjeta VIP (algo que me sorprendió, jamás pensé que pudiese haber algo así en una discoteca de un pueblucho) y podría incluso para con él cuando no hubiese grandes masas de gente. Yo asentí.

Fue entonces quizá cuando empezamos con “juegos de cortejo”, si hubiésemos sido de otra especie probablemente habríamos llegado a aparecer en algún tipo de documental del medio día:

Él me ofrecía bebidas que yo aceptaba a cambio de que me dejase ayudarle en la barra. Algún que otro roce se colaba: a veces era yo, a veces él y a veces los dos, o al menos eso quise creer. Entonces me di cuenta que me había vuelto a enamorar, o quizá ese sentimiento solo se había visto ensombrecido por la distancia, pero siempre se había mantenido ahí: presente.

Al final, apenas una semana después de haber empezado mi descanso de verano, empecé a trabajar con él tras la barra, había hablado con su jefe y me había metido, aunque el sueldo no era precisamente alto, pero me daba algo de dinero hasta empezar el nuevo curso y, sobre todo, segundos, minutos, horas que disfrutar a su lado.

Me gustaba soñar despierto y pensar que cuando rozaba mi mano o cualquier otra parte de mí era realmente una caricia o que enlazaba sus dedos con los míos para algo más que darnos apoyo mutuo cuando venía alguien non grato de nuestro pasado o cuando mucha gente llegaba a nosotros.

Pasaron dos meses con aquel juego de adolescentes con demasiado temor a admitir qué sentían, meses en los que retomamos incluso con más potencia nuestra antigua relación: las tardes las pasábamos juntos donde fuera que nos llevase el viento estival, y las noches las pasábamos tras una barra de bar, aguantando a gente más o menos borracha, más o menos agradable y educada.

Ya estábamos cerrando, todo el mundo se había ido y estábamos dejando las cosas medio preparadas para la limpieza. Quizá fue un accidente, pero ojalá hubiese pasado antes.

Él ordenaba los taburetes pegados a la barra, al tiempo que yo subía las sillas de la zona más alejada de la pista de baile, me acerqué hacia él con intención de hablar las cosas, tenía ya demasiados sentimientos golpeando mi garganta, siquiera sé cómo fui capaz de retenerlos en mis cuerdas vocales, tan cerca de poder soltarlo al fin, tan cerca de… declararme.

Andaba con pasos seguros, no demasiado largos, pero tampoco cortos. Tenía la mente centrada en ello y la vista fija en su perfecta anatomía, en sus perfectos ojos, su perfecto cabello rubio que pese a acabar siempre despeinado, haría que cualquier dios matase por él. Su rostro, una harmonía perfecta de entrantes y salientes, de claroscuros, de facciones marcadas y sin marcar…

Quizá por estar demasiado centrado en él me resbalé. Cerré los ojos esperando el golpe, pero él ya me había cogido, aunque mis gafas no habían llegado a ser salvadas. Las busqué con la mirada, como si fuese capaz de ver algo más que sombrar y colores danzando entre sí de un modo demasiado atrevido para cualquier ser de la naturaleza. Entonces todo se volvió nítido y, demasiado cerca, estaba su perfecta sonrisa (¿he dicho ya que era perfecto?) ladeada en un gesto ligeramente burlón.

Cerré los ojos, inspiré y me acerqué a él, a sus labios y a mi confesión. Fui lento, demasiado lento, quería que él me diese su consentimiento o que se apartase en caso de que no fuese así, pero entonces mis labios sintieron la presión de los suyos, no porque ya hubiesen llegado a su destino, sino porque se habían metido en la trayectoria de otros.

Nos separamos segundos después de aquel torpe beso. Me colocó y yo, vergonzoso, intenté decir algo, pero al no encontrar palabras coherentes, volvimos a unirnos en aquel beso. Una vez, y otra, y otra… Apoyó mi espalda contra la barra y nuestras bocas iniciaron un baile a un compás demasiado lento y demasiado rápido al mismo tiempo; demasiado dulce y demasiado intenso al mismo tiempo; demasiado ruidoso y demasiado silencioso al mismo tiempo…

Estábamos él y yo, sin ropa alguna, sobre la barra que poco antes habíamos limpiado, diciéndonos en gesto lo que habíamos callado durante tantísimo tiempo.

El resto de detalles de aquel momento quedan en nuestra privacidad y solo puede decir que aquella noche ambos gritamos el nombre del otro.





19 ene. 2017

[Reto ELDE] 1: Feliz año.

~

¡Saludos!

Como muchos sabréis, ELDE prepara cada año 52 retos para escritura, este año yo he decidido a apuntarme, así que por aquí esta la primera muestra. ¿Cuánto creéis que aguantaré?

Las brujas os desean un muy feliz año.

La puerta donde descansaba la Suma sacerdotisa estaba cerrada, pero la hora estaba cada vez más cerca y aún no habían empezado a preparar el altar. Llamó un par de veces de forma rítmica y abrió dicha puerta, dando un paso dentro de la habitación antes de recibir ninguna respuesta.

La habitación no era mucho más amplia que las del resto de la casa, aun así era capaz de entrar en ella una gran cantidad de objetos: en el centro, bajo un tragaluz decorado con vidrieras policromadas, se situaba la gran cama de tonalidades marrones; a la izquierda, un armario de caoba que cubría gran parte de la esquina de la habitación; y, finalmente, a la derecha un espejo de pie junto a un tocador, donde en aquellos instantes una anciana se colocaba un cinturón de cuerda para amaestrar el trozo de tela que daba forma a su túnica.

   —Madre, deberíamos empezar a preparar ya el altar, la hora se acerca —la voz que sonó a su espalda sonaba sumamente dulce, en un tono bajo que parecía no querer molestar siquiera al viento por el que su mensaje vibraría.

La suma sacerdotisa giró la cabeza para encontrarse con su hija, Arabelle. Le sonrió de forma agradable y con un gesto de la mano le invitó a que se acercase a ella, frente al espejo alargado en el que se estaba preparando y cuando lo hizo le respondió con la misma dulzura que emitía su sonrisa:

   —Antes de ir tenemos que prepararnos y… hablar. —Hizo una pequeña pausa, más por el “efecto artístico” que por una verdadera necesidad—. Como sabrás, este es tu tercer año como novicia y en apenas otros dos empezarás tu verdadero camino como sirviente del dios y la diosa, ¿verdad? —la destinataria de aquella pregunta asintió lentamente. Ya sabía cómo continuaría aquello—. Y también sabes lo poco que me agrada esa idea… Cielo, eres hija de una sacerdotisa mayor, pero no por ello tienes que dedicarle tu vida a esto, ¡debes encontrar tu camino!

Mientras hablaban, siguió preparándose: la túnica malva debía estar en perfecto estado y el pelo recogido en una trenza que terminaba en un recogido simple, pero elegante a la vista. Sin embargo, ya no era aquella joven que empezó su noviciado casi ochenta años atrás, en unos años sería entregada a la tierra y comenzaría el descanso que le permitiría empezar de nuevo la rueda de la vida, el ciclo vital; las manos le temblaban y le costaba expresar el mismo entusiasmo y fuerza que la habían caracterizado durante tantísimos años, todo ello parecía descansar, prepararse para el fin.

   —Madre, este es el camino que yo misma he elegido, es para lo único que sirvo…

Las manos arrugadas y pálidas de la anciana pasaron del blanco de su cabello al moreno de la piel de su hija. Le rozó con delicadeza la mejilla y tiró de su hombro hasta situarla frente a ella misma, empezando después a recogerle la larga melena violácea en una larga trenza que imitaba al cereal rey: el trigo.

   —Eres una de las mejores adivinas y curanderas de tu generación, en el consejo muchas brujas hablan de que llegarías a ser muy importante si te alejases de la religión y la fe —la abuela seguía insistente en la idea de que su pequeña no estaba siguiendo su camino—. Estas destinada a mucho más.

   —Pero esto es lo que quiero ser: quiero seguir mi camino en la fe y ayudar a todas mis hermanas. ¿Por qué tú, siendo la Suma quieres que lo deje de lado? —si alguien la escuchase hablar sin entender el idioma sería incapaz de ver el enfado en su voz, pues seguía sonando bajita, aunque ya con menos dulzura en el tono y acercándose a un tono neutro.

   —Cielo —la llamó para que la mirase tras dejar la trenza y se sentó en la cama situada a su lado, indicándole con unas palmadas en ellas que se sentase también—, ambas sabemos que no me queda demasiado en la tierra y lo que menos me gustaría es que tus decisiones estén relacionadas con lo que yo soy y no con lo que tú quieres ser. Tienes que…

   —Yo soy quien mejor sabe qué tiene que hacer, madre… —por primera vez, su voz sonó sebera, aunque en ningún momento elevó el tono—. Ahora vayamos a preparar el altar, por favor.

***

El altar ya había sido preparado adecuadamente y una gran masa de mujeres de diferentes partes de todo el globo se situaban bajo la improvisada pirámide escalonada, hecha con madera solo para aquel evento. En la estructura principal estaba coronada por un mantel malva, del mismo color de la túnica de la anciana Suma Sacerdotisa, sobre el cual descansaban un incensario al norte, una vela dorada al este, una plateada al oeste y, finalmente, un cáliz y un cuenco en el centro.

La suma dio un paso al frente e indicó con un gesto a las dos novicias de túnica blanca que encendiesen las velas y el incienso. Una vez estuvo hecho, alzó los brazos y con voz solemne entonó los primeros versos de la canción que daba la bienvenida a la ceremonia:

«Llamo por las fuerzas de la Diosa Madre y del Dios padre,
Llamo por las fuerzas de la Tierra, del Aire, del Fuego y de
El Agua, llamo por el Sol, por la Luna y por las estrellas».

Tras esto, el resto de mujeres se unieron en el mismo canto, repitiendo estos versos y añadiendo otros muchos otros mientras el incienso se consumía y agua y alimentos frutales eran depositados en el cáliz y el cuenco. La suma alzo la mano y de nuevo todas callaron.

   —Yo, Mishná, trigésima cuarta Suma Sacerdotisa de nuestra comunidad de brujas en sintonía con la Madre Naturaleza y las hijas e hijos del Antiguo Dios, os entrego a vosotras, herederas de la otra vida y el cambio, un destino de prosperidad y evolución al tiempo que os dedico mis últimas palabras como vuestra guía religiosa:

»Mi tiempo entre los mortales va llegando a su fin, en pocas lunas estaré descansando para poder volver a la tierra e iniciar así el círculo infinito de Los Antiguos —Hubo diversos cuchicheos que lentamente fueron subiendo el tono, obligando al final a la anciana a guardar silencio—. No estéis tristes ni os alarméis, hermanas —habló tras casi un minuto de mudez, cuando la calma había vuelto—. Mis conocimientos no se perderán, muchas de las aquí presentes habéis sido alumnas mías y habéis recogido mis conocimientos orales en vuestro corazones y libros de las sombras, nada está perdido. Solo deberemos esperar a que el Dios y la Diosa nos comuniquen quién guiará a nuestra comunidad —pero ella ya lo sabía.

El silencio era denso como la niebla de brumario y solo se veía entorpecido por el tambaleo del viento, el piar de algunos pájaros, el ulular de otros, los aullidos lejanos de lobos celebrando el día de su señor y su señora… el sonido de la Tierra.

Mishná tomó entre sus manos un pequeño pedazo de papel ungido en aceites puros, previamente escrito con una caligrafía de líneas finas y rápidas, pero que habían sido previamente escritas en su mente con sumo cuidado. Continuó con la celebración del nuevo año y acercó al fuego de la vela plateada el pequeño pedacito al tiempo que recitaba:

«Sabia Dama de la Luna Menguante,
Diosa de la noche estrellada
enciendo este fuego en tu caldero
para transformar aquello que me envenenaba.
Antiguos Dioses en esta noche ayúdenme a vislumbrar,
como puedo del mal al bien las situaciones transformar.
Que las energías se reviertan,
de la luz a la oscuridad
de la muerte a la vida,
como el Dios, yo he de cambiar».

Una vez el papel estuvo completamente consumado, alzó el rostro y su voz:

    —¡Alzad vuestras velas y que este año resulte próspero para nuestras almas!

Y con vítores, cientos de velas se encendieron y cientos de papeles ardieron al son de la oración dicho anteriormente por la Suma, todas las mujeres allí presentes incendiaron sus pequeños papeles, que ardieron con silenciosa calma en contraposición a sus poseedoras, quienes cantaban al nuevo año y al cambio.

La Suma miró a su hija, situada a su derecha, y sonrió con gran dulzura. No iba a poder cambiar los designios de la diosa, la niña a la que acogió tras la dolorosa muerte de su familia iba a seguir sus propios pasos muy de cerca.

Pero tendría que esperar, aún era joven.