[Relato] Animales de llanto triste.

¡Hola!
¡POR FAVOR, MIRAD QUÉ MONA!
En la entrada de hoy os traigo un super relato ambientado en una prompt que encontré por internet hace meses y que me encantó (Puede que haga una entrada con una lista de prompts porque soy demasiado friki de ellas). ¡Espero que os guste!


“El mundo parece aburrido hasta que piensas que bajo el mar hay animales cantando canciones tristes” eran unas palabras que mi abuelo me repetía una y otra vez cuando harto de los distintos juegos o colorear, me sentaba en una pequeña banqueta y miraba el mar que se extendía frente a nuestro jardín.

Mi abuelo solía decir que la vida pasaba sin que nos diésemos cuenta y cuando fuésemos a recoger los frutos, algo que hasta años después, cuando empecé a estudiar literatura, no entendí; y que debía aprovecharla todo lo que pudiésemos. Recuerdo cómo me reía al escucharle ¡Aprovechar el tiempo! Por favor, ni que la vida fuese a terminarse en unos segundos. Recuerdo cómo me reía.

Recuerdo también pasar las tardes muertas bajo la sombra de ese árbol frutal que apenas consigo imaginar escuchando las antiguas historias que él me contaba. A veces, me hablaba de dragones y princesas, otras de grandes guerras ocasionadas por tiranos mandatarios que solo buscaban expandirse por continentes ajenos o de colonizadores que arrasaban tierras; también me hablaba del arte: de la literatura, la música, la poesía… ¡Ay! La poesía, gran compañera de viajes y aventuras.
Solía decir que los estudios solo nos abrían las puertas a los trabajos y que sabía que me harían falta, pero que no demostraban que fuese inteligente. Me habló de cómo él no pudo estudiar por la guerra, pero que leía, pintaba con lo que podía y cantaba por los rincones de su destartalada casa. Me pedía también que jamás dejase que los estudios ocupasen mi mente y que viviese, porque era más que una nota, era más que un título.

“Por favor, cuando te pregunten qué tal nunca digas “aquí, estudiando”, di que estás bien ¡Di que han crecido nuevas flores en el campo!”, me solía repetir esto mismo cada vez que me veía encerrado en mi habitación con los grandes libros de historia, hierbas… Yo reía, asentía y le prometía una y mil veces que jamás dejaría que unos estudios fuesen más que yo.

Mi abuelo defendía el Carpe diem como ningún poeta renacentista jamás hubiese hecho. Proclamaba el derecho a dominar la vida y no al contrario, ser dominados por ella. Me enseñó a aprovechar el momento, me enseñó cómo disfrutar de cada día con una sonrisa.

Hoy, debo ponerlo en práctica. Mi vida se acaba y se marchita. Dicen que moriré joven, dicen que no hay futuro ni cura para mí, pero ¿Sabéis qué? He vivido más que ellos porque he sabido qué es vivir.


Mi abuelo decía: “El mundo parece aburrido hasta que piensas que bajo el mar hay animales cantando canciones tristes” y yo digo que las cantan por todos aquellos que no han vivido, sino han padecido la vida y, que lo hacen aún más, por aquellos que obligan a padecer la vida.

Mi abuelo decía que debíamos hacer caso a su llanto y perdernos entre las notas del infinito de nuestros sueños.


¡Un cyberabrazo, nos vemos!
PD: ¿Os gustan las ballenas? Decid que sí u os como.
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