[Relatos] Monotonía.



El sol te despierta como cada monótona mañana, como cada mañana desde que crees estar con vida. Te dispones a hacer tu habitual rutina: Te vistes, bajas a la planta baja de tu casa y desayunas. Tomas cereales, son rápidos de preparar y sencillos, hasta tú eres capaz de hacerlos. Como siempre, llevas prisa: de pequeño llegabas tarde al colegio, luego al instituto, la universidad y ahora a ese trabajo que ni siquiera te gusta. ¿Eres contable, quizá? ¿Trabajas en un banco, una importante empresa, una oficina? Bueno, estudiaste algo con salidas, no es el trabajo de tus sueños, pero tienes trabajo ¿No es lo que querías? Da gracias a tu dios, tus dioses, o a tu trabajo; lo que sea que valores más.

 Vas a tu aburrido trabajo, con tu aburrido coche en este maravilloso y aburrido día. Tomas el mismo camino de siempre, ¿Por qué ibas a variarlo siquiera? Te encuentras como siempre con las mismas personas: Marta, tu jefa que parece disfrutar con su trabajo más que tú con toda tu vida; Marcos, el recepcionista que muestra más sonrisas en una mañana que tú en un mes; Paloma, la chica que conociste en el gimnasio, hace deporte mejor que tú y encima está en un puesto muy superior al tuyo. Sí, las mismas personas de siempre. Esas personas que parecen disfrutar de todo por encima de ti.
En tu puesto, probablemente un enano cubículo donde pasas como todos tus compañeros, que nunca han cambiado, unas ocho e insufribles horas que desearías olvidar tras tu jornada laboral. Pero aun así debes agradecer por tu gris vida, podría ser muchísimo peor. Podrías estar combatiendo contra un ejército, podrías tener que huir de tu país y ser maltratado por tus vecinos, podrías ser acusado por algo que jamás pensarías siquiera en hacer… Así que sí, agradeces tu maravillosa suerte, en tu maravillosa y repetitiva vida ¿Recuerdas siquiera un color que no sea el gris?

Tras ocho horas que cada día parecen ser más eternas, sales del habitáculo, te despides de las mismas personas, tomas el mismo coche, el mismo camino y llegas a la misma casa. Una vez allí, no cambia demasiado, sigues la misma rutina: Te desvistes, te das un cálido baño relajante –El medio ambiente no te importa demasiado, ni lo hará—, cenas y te sientas en ese sofá con una vida más interesante que la tuya.
Crack.

Crack, se repite ese nuevo sonido.

Niegas con la cabeza, alucinaciones producidas por el cansancio crees que te producen oír cosas extrañas, cosas nuevas…
 Crack.

Otra vez ese molesto ruido que parece inundar toda la casa, parece inundarlo todo, parece que te inunda. No haces caso, serán los viejos muebles crujiendo, es algo que pasa a toda casa con los años, es algo normal...Normal, aburrido, corriente, usual.

Decides apagar la televisión, te aburría la misma programación de cada noche: los mismos programas, los mismos presentadores, las mismas malas series y películas; siempre lo mismo. Te levantas y colocas tus marrones zapatillas cubriendo tus horrendos pies, esos pies con marcas por falta de hidratación, con ese dedo meñique mal colocado y ese dedo pulgar que tan poco te gusta. Una vez los has cubierto, subes las escaleras que esa misma mañana habías bajado. Recorres el pasillo: segunda puerta a la derecha, tu habitación.

O no. Te has equivocado y has abierto la primera puerta, qué idiota, ¿No estarás nervioso por el ruido? Solo fue un crack, es algo normal, era solo un mueble, ¿Verdad? Ahora sí, abres la segunda puerta y entras. Enciendes la luz, provocando un enorme haz de luz que llena toda la habitación. Te metes en tu cómoda cama a la que estás más acostumbrado que a respirar y te arropas. Apagas la luz y cierras los ojos.

Crack.

Abres los ojos, cansado y enciendes de nuevo la luz. No hay nada, pero crees haber visto algo en la pared justo antes de alumbrar la habitación, ¿Unos ojos? ¿Una sombra? ¿Un ente moverse? No, sabes que no es eso. Eso sería extraño, raro, increíble y fantasioso. Sabes que esa visión ha sido solamente una ilusión de tu subconsciente por el miedo, lo sabes o quieres creerlo. Vuelves a sumirte en la oscuridad y a cerrar los párpados.

Crack.

Respiras profundamente, intentando hacer oídos sordos, sabes que no hay nada, sabes que nada de eso es cierto, sabes que es tu mente, una ilusión. Lo sabes. Vuelves a respirar y centras tu mente en tu normal mundo.

Crack.

Abres los ojos y te levantas furioso. ¡Es que no van a dejarte dormir esos estúpidos muebles! Vuelves a encender la luz. Coges unos tapones que solo te pones para ir a la piscina, odias que el agua te entre en los oídos y te vuelves a tumbar en la cama, apagas la luz y cierras los ojos para dormir.

Crack.


No lo oyes, has conseguido dormirte. Esos tapones te ayudaron. Pero tranquilo, no era nada malo, ni tampoco tus muebles están tan anticuados. Tranquilo, era yo, solo quería que me conocieras. Yo te conozco, yo te observo…

Comentarios

  1. Me he enamorado. Sólo puedo decir eso. La segunda persona ha logrado meterme en la historia, y defines muy bien la vida y la forma de pensar del protagonista. Ese final <3 *corazón* <3 <3 *más corazones* Me ha encantado <3

    Abrazos de berenjena

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    Respuestas
    1. Bueno, era sencillo: Alguien aburrido (?)
      POR FAVOR NO MUERAS ENTRE CORAZONES, NECESITAMOS BERENJENAS EN ESTE PLANETA. Gracias por el amor —Le lanza tubérculos como ofrenda—.

      ¡Un cyberabrazo!

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